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Sociedad

El Niño y el riesgo de inundaciones: Ramón Vargas advirtió sobre lluvias extremas y pidió reforzar la prevención en Chaco

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El geólogo e hidrogeólogo Ramón Vargas analizó en Ahora Chaco el escenario que atraviesa la provincia ante el fortalecimiento del fenómeno de El Niño. Señaló que el principal riesgo para el interior chaqueño no necesariamente estaría asociado a una gran crecida del Paraná, sino a la posibilidad de lluvias extremas en pocos días, con acumulados que podrían generar anegamientos e inundaciones en zonas rurales y urbanas. También llamó a reforzar las defensas, las estaciones de bombeo y la planificación del manejo del agua.

En medio de la expectativa por el comportamiento climático de los próximos meses y ante las señales de fortalecimiento del fenómeno de El Niño, el geólogo e hidrogeólogo Ramón Vargas analizó en una entrevista con Ahora Chaco cuáles podrían ser sus consecuencias para la provincia y qué aspectos deberían comenzar a observarse con mayor atención.

Vargas explicó que actualmente el río Paraná atraviesa una situación de aguas normales y que, aunque existe una relación histórica entre los episodios de El Niño y las crecientes del río, esa correlación no permite afirmar que necesariamente vaya a producirse una gran inundación sobre la costa chaqueña.

Según explicó, El Niño se desarrolla en el océano Pacífico, mientras que el Paraná se encuentra a miles de kilómetros de distancia, por lo que la relación entre ambos fenómenos es relativa. De hecho, recordó que también se registraron crecientes importantes del Paraná durante períodos asociados al fenómeno de La Niña.

Sin embargo, el especialista planteó que el escenario merece atención porque el ciclo húmedo puede favorecer la aparición de lluvias más abundantes y, especialmente, tormentas de gran intensidad.

Lluvias extremas: la principal preocupación para el interior

Uno de los principales puntos señalados por Vargas fue que el mayor impacto de El Niño sobre el interior chaqueño podría producirse a través de lluvias extremas, más que por el avance directo de las aguas del Paraná.

El especialista advirtió que en pocos días podrían registrarse acumulados del orden de 300 o 400 milímetros, una situación especialmente compleja para una provincia caracterizada por extensas zonas de llanura y escasa pendiente.

En ese contexto, los caminos rurales, terraplenes y otras modificaciones realizadas sobre el terreno pueden convertirse en obstáculos para el escurrimiento natural del agua.

Vargas explicó que en determinadas regiones chaqueñas la pendiente del terreno es muy reducida, de aproximadamente 15 centímetros por kilómetro, por lo que pequeñas elevaciones artificiales pueden comportarse como verdaderos diques y modificar el recorrido del agua.

“El curso natural en una llanura no es un curso, no es un río, es una lámina de agua que se va expandiendo por esa llanura”, explicó durante la entrevista.

El riesgo en las defensas del Gran Resistencia

Otro de los puntos de preocupación planteados durante la entrevista fue el estado de las obras de defensa que protegen al área metropolitana del Gran Resistencia.

Vargas señaló que desde la Fundación Centro por la Vida y la Democracia Ambiental vienen advirtiendo desde 2010 sobre problemas en la obra de control ubicada en la desembocadura del río Negro.

Según su relato, en 2016 habían denunciado una importante pérdida de material debajo del dique, situación que habría provocado hundimientos en distintos sectores de la estructura. El especialista sostuvo que existen sectores con hundimientos de varios metros y cuestionó que todavía no se haya determinado con precisión el origen del fenómeno.

Ante la posibilidad de una futura crecida, Vargas planteó la necesidad de realizar un seguimiento permanente de la infraestructura para conocer cómo responde frente a diferentes niveles del río.

Recordó además que el Paraná alcanzó alturas de 8,06 metros durante la crecida de 1997-1998 y de aproximadamente 8,60 metros en 1982-1983, como antecedentes que deben ser considerados al momento de planificar escenarios de riesgo.

El puente General Belgrano y la erosión de las barrancas

Durante la entrevista también se abordó la situación de las zonas ribereñas y del puente General Belgrano.

Vargas explicó que actualmente se realizan trabajos de refuerzo en sectores vinculados al estribo del puente y advirtió que uno de los riesgos está relacionado con la erosión de la barranca provocada por el río.

Según indicó, este proceso puede generar el descalce de estructuras y afectar eventualmente la circulación sobre el puente, por lo que consideró necesario mantener un monitoreo permanente.

En cuanto a las poblaciones ribereñas, señaló que los pescadores tienen un conocimiento particular del comportamiento del río y suelen contar con mecanismos propios para trasladarse hacia sectores más altos cuando aumenta el nivel del agua.

No obstante, también advirtió sobre el crecimiento de la población que se instaló en distintos sectores cercanos a la costa del Paraná.

La planificación urbana también entra en escena

Para Vargas, el riesgo hídrico no depende exclusivamente de las condiciones climáticas. La forma en que se planifica y ocupa el territorio también tiene un papel central.

En este sentido, cuestionó el crecimiento de sectores urbanos sobre zonas bajas y sostuvo que determinadas áreas que históricamente funcionaban como espacios de acumulación de agua fueron ocupadas posteriormente.

El especialista mencionó particularmente el sistema de lagunas del área metropolitana y señaló que la reducción de los espacios disponibles para almacenar temporalmente el agua puede incrementar los riesgos de anegamiento durante períodos de lluvias intensas.

También destacó la importancia de contar con estaciones de bombeo capaces de evacuar los excedentes hacia el río Paraná.

“Limpiar los canales” no alcanza para resolver el problema

Uno de los conceptos centrales de la entrevista estuvo relacionado con el papel de los canales.

Vargas reconoció la importancia de mantenerlos limpios, pero aclaró que los canales por sí solos no tienen capacidad para evacuar todo el volumen de agua que puede acumularse durante un evento de lluvias extremas.

Según explicó, estimaciones de especialistas ubican en torno al 10% la proporción del agua que puede ser evacuada mediante canales, mientras que en su análisis considera que podría ser incluso menor, debido a que una parte del agua también se infiltra en el suelo.

Para graficar la magnitud del problema, planteó un escenario hipotético de una superficie de aproximadamente 100 kilómetros por 100 kilómetros cubierta por agua luego de precipitaciones de 300 milímetros.

En ese contexto, sostuvo que el volumen acumulado sería demasiado grande para ser evacuado rápidamente mediante los canales existentes y que la reducción natural del nivel del agua por evaporación y acción del viento tendría un papel significativo.

La situación de los campos y los caminos rurales

Las lluvias extremas también podrían generar dificultades importantes para las comunidades rurales.

Vargas advirtió que, ante caminos cortados y campos anegados, será necesario prever cómo garantizar el abastecimiento de alimentos, el traslado de personas enfermas y la asistencia a la población dispersa.

También recordó situaciones ocurridas durante inundaciones anteriores, cuando las rutas y terraplenes que funcionaban como vías de evacuación terminaron modificando el recorrido del agua.

El especialista mencionó como antecedente la situación registrada durante las inundaciones de 1997, cuando el agua acumulada generó conflictos entre jurisdicciones por el manejo de los excedentes hídricos.

El desafío de evitar conflictos por el manejo del agua

Otro de los aspectos que Vargas consideró relevantes es la necesidad de coordinar el manejo del agua entre productores y comunidades.

Advirtió que, cuando comienzan las inundaciones, puede aparecer un conflicto entre quienes se encuentran aguas arriba y buscan liberar el agua de sus campos y quienes están aguas abajo y pretenden evitar que esos excedentes lleguen a sus terrenos.

Por este motivo, propuso avanzar en comisiones de manejo del agua y del suelo, con participación de los propios vecinos y productores.

“Vecinos contra vecinos, esto no puede ocurrir”, sostuvo durante la entrevista.

En ese sentido, planteó un concepto que denominó “la ley del tercio”, basado en dividir los campos y manejar el agua de manera escalonada, permitiendo que los excedentes de las zonas altas puedan trasladarse progresivamente hacia las zonas medias y bajas.

La idea, explicó, apunta a distribuir el riesgo y evitar que grandes volúmenes de agua se concentren de manera repentina en un único sector.

Tres medidas antes de que llegue el período más complicado

Consultado sobre qué debería hacer la provincia ante este escenario, Vargas planteó tres prioridades.

La primera es convocar a expertos de distintas disciplinas para analizar el comportamiento del sistema hídrico y determinar el origen de los problemas existentes.

La segunda es realizar un monitoreo permanente de las obras de defensa, especialmente ante una eventual crecida del Paraná, para observar cómo responden frente al aumento de las presiones sobre las estructuras.

Y la tercera es avanzar en la prevención y planificación territorial, fortaleciendo los sistemas de drenaje, las estaciones de bombeo y las estrategias destinadas a asistir a las poblaciones rurales y urbanas que puedan quedar aisladas.

Un escenario que exige prevención

Vargas remarcó que todavía resulta difícil determinar con precisión cuál será la magnitud de las consecuencias de El Niño sobre el territorio chaqueño. El fenómeno puede generar diferentes respuestas según la distribución de las lluvias y la ubicación de los núcleos de tormenta.

Por eso, uno de los principales mensajes que dejó durante la entrevista fue la necesidad de no esperar a que llegue una inundación para comenzar a actuar.

El especialista consideró que Chaco todavía tiene margen para reforzar la prevención y mejorar la coordinación entre organismos, municipios, productores y comunidades.

En particular, puso el foco en el interior provincial, donde una sucesión de lluvias intensas puede generar rápidamente anegamientos, cortes de caminos y dificultades para trasladar personas y suministros.

El escenario planteado por Vargas no implica que necesariamente vaya a producirse una gran inundación por El Niño, pero sí advierte sobre la necesidad de seguir de cerca la evolución del fenómeno y prepararse para episodios de precipitaciones extremas, especialmente en una provincia donde las características del terreno hacen que el manejo del agua sea un desafío permanente.

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