En el marco del Día de la Industria, el sector empresario atraviesa un escenario de fuertes cuestionamientos hacia la política económica del Gobierno de Javier Milei. Si bien reconoce algunos avances en materia de estabilidad, advierte que los costos, la falta de demanda y la apertura de las importaciones complican cada vez más la actividad industrial.
La relación entre los empresarios y la administración nacional se encuentra en un momento de tensión. El sector reclama medidas que permitan recuperar competitividad y sostener los niveles de producción y empleo, mientras desde el Gobierno mantienen el rumbo económico basado en el equilibrio fiscal, la desregulación y una mayor apertura comercial.
Uno de los principales problemas señalados por los industriales es el incremento de los costos de producción medidos en dólares. Según un informe, los costos argentinos aumentaron un 25% desde diciembre de 2023, mientras que en Estados Unidos la variación fue considerablemente menor.
A esto se suma el impacto de las tarifas energéticas, el aumento de los salarios y el encarecimiento de distintos insumos. Los empresarios aseguran que, ante un mercado interno debilitado, trasladar esos incrementos a los precios resulta cada vez más difícil.
Menos consumo y mayor competencia importada
La caída de la demanda aparece como otro de los principales obstáculos para la industria. Diferentes sectores advierten que el consumo todavía no alcanza para sostener los niveles de actividad necesarios y que la llegada de productos importados agrega presión sobre las empresas nacionales.
En particular, desde el sector metalúrgico señalaron un fuerte crecimiento de las importaciones, mientras que representantes de la industria textil también expresaron preocupación por la menor demanda y el impacto que esto podría tener sobre el empleo.
Desde el empresariado sostienen que la estabilización de las variables macroeconómicas, por sí sola, no alcanza para recuperar la actividad industrial. Reclaman avanzar sobre cuestiones estructurales vinculadas con los costos, la competitividad, la energía y las condiciones necesarias para volver a invertir.
El escenario plantea así un desafío para el Gobierno: mantener el programa económico que permitió reducir algunos desequilibrios, pero al mismo tiempo atender los reclamos de un sector industrial que advierte sobre una pérdida de competitividad y un deterioro de la actividad.
La celebración del Día de la Industria encuentra, de esta manera, a empresarios y Gobierno con una relación cada vez más marcada por las diferencias sobre el rumbo económico y las medidas necesarias para recuperar la producción.



