Mientras el conflicto en Medio Oriente vuelve a escalar, la vida cotidiana en algunas ciudades de Israel transcurre entre sirenas, refugios y noches sin dormir.
Desde el norte del país, cerca de la frontera con el Líbano, el argentino-israelí Kevin Rosenberg contó cómo vivió uno de los ataques más intensos de los últimos días.


“Anoche fue la peor noche en nuestra ciudad. Desde las ocho de la noche hasta la una de la madrugada tuvimos varias sirenas y tuvimos que correr varias veces al refugio”, relató.
Sirenas en la madrugada
Rosenberg explicó que los ataques provinieron principalmente desde el Líbano, donde el grupo Hezbolá intensificó el lanzamiento de misiles hacia territorio israelí.
Aunque el sistema de defensa conocido como “Cúpula de Hierro” logró interceptar muchos de los proyectiles, la población civil debió permanecer alerta durante toda la noche.
“No es que esté todo destruido, por suerte tenemos buena defensa, pero el problema es el desgaste. No podés dormir bien. Te acostás tarde, te levantás con las sirenas y volvés al refugio”, explicó.
Una familia en medio de la guerra
La situación personal de Rosenberg refleja la realidad de muchas familias.
Su esposa se encuentra embarazada de ocho meses, lo que hace que cada alarma sea aún más angustiante.
“Por suerte tenemos el refugio dentro de la casa, estamos a diez pasos de la cama. No todos tienen esa suerte”, contó.
En muchos edificios, explicó, los vecinos deben bajar varios pisos o salir de sus viviendas para llegar a los refugios.
Incluso hay ciudades donde las personas duermen en estaciones de metro o estacionamientos subterráneos para mantenerse protegidas durante la noche.
Niños que crecen entre alarmas
Una de las escenas más impactantes que describe Rosenberg es la forma en que los niños viven esta realidad.
Según explicó, muchos ya están acostumbrados a reaccionar automáticamente cuando suena la sirena.
“Los chicos escuchan la alarma y corren al refugio. No están traumados, pero entienden lo que pasa. Es algo que forma parte de la vida acá”, señaló.
Algunos incluso expresan desde pequeños su deseo de servir en el ejército cuando crezcan.
La guerra y la desinformación
Durante la entrevista también se refirió a la guerra informativa que rodea al conflicto, agravada por el uso de redes sociales y herramientas de inteligencia artificial.
Según explicó, circulan múltiples versiones contradictorias sobre distintos hechos.
“Hoy cualquiera puede crear un video o una noticia falsa. Antes la televisión era la única fuente de información. Ahora hay mucha desinformación”, advirtió.
En ese sentido, mencionó el caso de una supuesta escuela atacada donde habrían muerto decenas de niñas, un hecho que, según distintas versiones, podría tratarse de propaganda o información manipulada.
“La verdad es que muchas veces nunca vamos a saber qué ocurrió realmente”, sostuvo.
Un conflicto difícil de entender desde Occidente
Rosenberg también explicó que muchas discusiones sobre Medio Oriente resultan simplificadas cuando se analizan desde países occidentales.
Según señaló, la región está marcada por divisiones religiosas, tribales y políticas que tienen décadas de historia.
“Muchos países de la región fueron creados dividiendo territorios sin tener en cuenta las diferencias entre comunidades. Eso generó conflictos que todavía siguen”, explicó.
Judaísmo, cultura y convivencia
Otro de los temas abordados fue la diversidad cultural dentro de Israel.
Rosenberg explicó que en el país conviven personas profundamente religiosas, judíos tradicionales y ciudadanos completamente laicos.
“Hay gente muy religiosa, otros que siguen algunas tradiciones y otros que no practican la religión. Todos viven juntos y se respetan”, afirmó.
Incluso dentro de una misma familia o vecindario pueden coexistir diferentes niveles de observancia religiosa.
Vivir con la guerra
A pesar de la tensión permanente, Rosenberg aseguró que la población intenta mantener la normalidad.
“Estamos acostumbrados. No es fácil, pero aprendimos a vivir con esto”, concluyó.
Mientras continúan los ataques y la situación regional sigue siendo incierta, miles de familias en Israel —como la de Rosenberg— siguen enfrentando una rutina marcada por sirenas, refugios y la esperanza de que la paz llegue pronto.

