El dirigente de FAPE se refirió a la creciente tensión entre el presidente Javier Milei y la vicepresidenta Victoria Villarruel y advirtió sobre el impacto que el conflicto puede tener en la institucionalidad y en la gestión del Gobierno nacional.
En diálogo con Vía Radio, Ariel Díaz analizó la carta institucional difundida por FAPE a raíz del enfrentamiento entre el presidente Javier Milei y la vicepresidenta Victoria Villarruel. Según explicó, la decisión surgió de la preocupación por un conflicto que, a su entender, dejó de ser una diferencia política para convertirse en una disputa que afecta el funcionamiento de la fórmula presidencial.
“Ya deja de ser una disputa de pensamientos democráticos, ahora más bien es como una lucha de egos”, sostuvo Díaz, al tiempo que remarcó que ambos dirigentes llegaron al poder como integrantes de una misma fórmula electoral y que, por lo tanto, deberían encontrar mecanismos de diálogo para garantizar la gobernabilidad.
El dirigente consideró que las diferencias políticas pueden existir dentro de cualquier espacio, pero cuestionó que esas diferencias terminen derivando en un enfrentamiento que dificulte la gestión. “Tiene que haber un acuerdo para seguir caminando juntos”, planteó.
El rol constitucional de la vicepresidencia
Durante la entrevista también se puso el foco en las funciones que la Constitución Nacional establece para el vicepresidente. Díaz recordó que la principal responsabilidad institucional de Victoria Villarruel es ejercer la Presidencia del Senado y que su intervención en el Poder Ejecutivo está contemplada fundamentalmente en situaciones de reemplazo del presidente.
En ese sentido, consideró que no corresponde interpretar el rol de la vicepresidencia como un “vaciamiento de poder” cuando no tiene bajo su órbita determinadas áreas del Ejecutivo.
“Cuando la Cámara está funcionando, ella es la presidenta de la Cámara Alta. Es una función ordenada, pero no está gobernando el país. Para eso está el presidente, que fue el que encabezó la fórmula”, explicó.
Díaz también cuestionó la posibilidad de que Villarruel construya desde la vicepresidencia un espacio político propio, aunque diferenció esa eventual decisión de una disputa institucional. “Si esta dirigente cree que está para más, hay que ir a la arena política y veremos. Pero desde ahí me parece que no es un acto de lealtad”, afirmó.
“También hubo cosas que no se hablaron a tiempo”
Sin embargo, el dirigente evitó colocar toda la responsabilidad del conflicto sobre la vicepresidenta. En la entrevista planteó que también pudo haber existido una falta de claridad dentro de la propia fórmula presidencial respecto de las funciones y expectativas de cada integrante.
“Mi ley tuvo que haberle sido franco y decirle: ‘Mirá Victoria, no vas a poder por esto, por esto y por lo otro’”, ejemplificó, haciendo referencia a la necesidad de establecer desde el comienzo reglas claras entre quienes integran una fórmula de gobierno.
Para Díaz, muchos de los conflictos políticos podrían evitarse si existiera una mayor disposición al diálogo y a la conversación interna.
En ese sentido, también mencionó la polémica por los aumentos de las dietas de los senadores y sostuvo que no debería atribuirse automáticamente la responsabilidad a la vicepresidenta, dado que preside el Senado pero no tiene voto salvo en caso de empate.
La sinceridad como herramienta para la política
Otro de los ejes de la entrevista fue la necesidad de recuperar la sinceridad y la capacidad de sostener opiniones propias dentro de la política y de las instituciones.
Díaz cuestionó lo que definió como “hipocresía” y consideró que el destrato y la falta de diálogo pueden ser tan perjudiciales como el enfrentamiento abierto.
“Hay que estudiar, prepararse, tener una opinión propia y saber manejar la espalda para también recibir las tribulaciones”, sostuvo.
Finalmente, vinculó esta reflexión con el rol de las instituciones y de las comunidades religiosas. Consideró positivo que desde FAPE se impulsen charlas, capacitaciones y espacios de formación, al entender que la sociedad necesita dirigentes preparados para asumir responsabilidades y, al mismo tiempo, capaces de reconocer cuando pueden estar equivocados.
“Hay que conversar”, insistió Díaz, como una de las claves para evitar que las diferencias terminen convirtiéndose en rupturas.



