Una formación de unos 150 metros de largo ubicada cerca del monte Ararat volvió a despertar el interés de investigadores. Nuevos estudios con radares y perforaciones detectaron estructuras bajo tierra que, según el equipo que analiza el lugar, podrían corresponder a los restos de una antigua embarcación. Sin embargo, la comunidad científica todavía no considera probado que se trate del Arca de Noé.
Después de décadas de investigaciones y especulaciones, el posible paradero del Arca de Noé volvió a ser noticia a partir de nuevos estudios realizados sobre la denominada Formación Durupınar, una estructura ubicada en el este de Turquía, cerca del monte Ararat.
El sitio tiene una particular forma alargada que recuerda a la de un barco y mide aproximadamente 150 metros de longitud, una dimensión que sus investigadores consideran compatible con las proporciones atribuidas al arca en antiguos textos.
La estructura llamó la atención durante décadas y, desde comienzos del siglo XXI, diferentes equipos comenzaron a estudiar su origen. Mientras algunos investigadores sostienen que podría tratarse de los restos fosilizados de la embarcación bíblica, la explicación predominante entre geólogos y arqueólogos es que se trata de una formación natural producida por procesos geológicos.
Qué encontraron los nuevos estudios
Un equipo internacional vinculado al proyecto Noah’s Ark Scans realizó nuevos análisis sobre la Formación Durupınar utilizando estudios de radar y perforaciones.
Los investigadores aseguran haber detectado bajo la superficie capas diferenciadas, líneas rectas, intersecciones en ángulo recto y espacios que podrían corresponder a cavidades. Estos elementos, de acuerdo con su interpretación, serían difíciles de explicar si toda la estructura fuera simplemente un bloque de roca formado por la erosión.
Andrew Jones, fundador de Noah’s Ark Scans y uno de los investigadores que estudia el lugar desde hace décadas, sostuvo que los nuevos resultados cuestionarían la hipótesis de que la estructura sea exclusivamente producto de la erosión del agua y el hielo.
Según el especialista, los estudios realizados mediante radar y las perforaciones tampoco habrían encontrado la esperada roca caliza sólida que algunos modelos geológicos proponían como explicación para la formación.
Jones afirmó estar convencido de que la estructura corresponde a los restos enterrados del Arca de Noé y calificó los nuevos análisis como una nueva línea de evidencia.
¿Encontraron madera petrificada?
Otro de los elementos que generó expectativa entre los investigadores está relacionado con las capas ubicadas debajo de la superficie.
Lauren Witzke, directora de marketing y recaudación de fondos de Noah’s Ark Scans, aseguró que la parte superior de la estructura presenta un material que se está deteriorando y que podría corresponder a lodo endurecido que recubre los bordes de una antigua embarcación.
Además, el equipo sostiene que debajo de esa capa existirían sectores mejor conservados y que podrían contener lo que describen como un posible lecho de madera petrificada.
No obstante, estas afirmaciones todavía requieren estudios independientes que permitan determinar con precisión qué materiales se encuentran en el interior de la formación y cuál es su antigüedad.
Una estructura de miles de años
Los investigadores relacionan el sitio con el período Calcolítico, también conocido como Edad del Cobre, una etapa de la prehistoria caracterizada por el desarrollo de las primeras herramientas y objetos metálicos junto con tecnologías de piedra.
La presencia de determinados materiales y sedimentos en la zona también es utilizada por el equipo para plantear interrogantes sobre antiguos cambios ambientales y climáticos.
Uno de los elementos mencionados es la presencia de arcilla en una zona montañosa, algo que los investigadores consideran compatible con modificaciones importantes en las condiciones ambientales de la región hace miles de años.
Sin embargo, encontrar sedimentos asociados a antiguos cambios climáticos no demuestra por sí mismo la existencia de un diluvio universal ni confirma la presencia de una embarcación en el lugar.
La conexión con el relato bíblico
El interés por la Formación Durupınar se debe principalmente a su ubicación. El libro del Génesis relata que Dios le ordenó a Noé construir un arca para preservar a su familia y a los animales durante un gran diluvio.
Según el relato bíblico, una vez que las aguas comenzaron a descender, el arca terminó apoyada sobre los “montes de Ararat”.
Esta referencia llevó a numerosos investigadores y exploradores a buscar durante siglos posibles rastros de la embarcación en la región del actual este de Turquía.
La Formación Durupınar se convirtió en uno de los principales lugares vinculados con esta búsqueda debido a su llamativa forma y a su proximidad con el monte Ararat.
La comunidad científica mantiene sus reservas
A pesar de los nuevos estudios, no existe hasta el momento una confirmación científica de que la Formación Durupınar sea el Arca de Noé.
La mayoría de los geólogos y arqueólogos sostiene que la estructura puede explicarse mediante procesos naturales. Por ese motivo, los nuevos resultados deberán ser sometidos a análisis más rigurosos y, especialmente, a estudios independientes que permitan verificar las interpretaciones realizadas por el equipo que investiga el lugar.
El radar puede revelar diferencias de densidad y estructuras bajo tierra, pero esas anomalías no necesariamente significan que existan restos de una construcción humana. Del mismo modo, la presencia de determinados sedimentos o materiales no demuestra por sí sola que correspondan a una embarcación de miles de años de antigüedad.
Por eso, los investigadores continúan trabajando para determinar qué hay realmente debajo de la superficie.
Un misterio que sigue abierto
La Formación Durupınar vuelve así a quedar en el centro de una de las búsquedas arqueológicas más controvertidas relacionadas con un relato bíblico.
Los nuevos análisis aportaron elementos que, según sus investigadores, justifican continuar con las excavaciones y estudios del subsuelo. Pero por ahora, la evidencia disponible no permite afirmar que el Arca de Noé haya sido encontrada.
La respuesta definitiva dependerá de futuros análisis de las muestras, de la datación de los materiales y de que otros especialistas puedan verificar de manera independiente los resultados.



