Los criterios para diagnosticar el síndrome de intestino irritable (SII) fueron actualizados por primera vez en una década. Los nuevos Criterios de Roma V, publicados este año en la revista Gastroenterology, flexibilizan algunas condiciones que habían sido endurecidas en la versión anterior y podrían permitir identificar a más personas con síntomas compatibles.
En Argentina, casi uno de cada 10 adultos cumple actualmente con criterios compatibles con el SII. El trastorno se caracteriza por alteraciones del hábito intestinal —diarrea, constipación o ambas— asociadas a dolor o molestia abdominal recurrente.
Uno de los principales cambios es que vuelve a incluirse la molestia abdominal como criterio. Los anteriores criterios de Roma IV, vigentes desde 2016, exigían específicamente dolor y habían dejado afuera el disconfort. Ahora se considera molestia a aquella suficientemente significativa como para llevar a la persona a buscar atención médica o afectar sus actividades y calidad de vida.
También se modificó la frecuencia requerida: anteriormente se necesitaba presentar dolor al menos un día por semana; con Roma V, el síntoma debe aparecer al menos tres días al mes durante los últimos tres meses. Además, se especifica que el dolor debe ser recurrente e intermitente, y no exclusivamente relacionado con la menstruación.
Según especialistas consultados por Clarín, los criterios más estrictos de Roma IV habían reducido la proporción de personas que cumplían los criterios clínicos de alrededor del 9% al 4%. Con la nueva actualización, la prevalencia estimada vuelve a acercarse al 10%, aunque cumplir criterios no equivale por sí solo a tener un diagnóstico confirmado.
Los especialistas remarcan que el diagnóstico debe realizarse mediante una evaluación clínica, teniendo en cuenta el patrón de evacuación y descartando señales de alarma como anemia, pérdida de peso inexplicada, sangrado digestivo, diarrea nocturna o incontinencia fecal. También se recomienda evaluar enfermedad celíaca.
El tratamiento depende del tipo de síntomas y puede incluir medidas farmacológicas y estrategias no farmacológicas. El estrés y los factores emocionales pueden actuar como desencadenantes debido a la interacción entre el cerebro y el intestino. En cuanto a la alimentación, los especialistas señalan que algunos alimentos ricos en FODMAPs pueden aumentar los síntomas, pero advierten que no deben realizarse restricciones importantes sin acompañamiento profesional por el riesgo de déficits nutricionales.



