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Sociedad

Jóvenes que se identifican como animales: qué hay detrás de la tendencia que crece en redes

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En diálogo con RCC, el orientador familiar Norberto Hum reflexionó sobre el creciente fenómeno de jóvenes —y también adultos— que se manifiestan en espacios públicos caracterizados como animales, conocidos popularmente como “therian”. Lejos de ofrecer definiciones cerradas, Hum propuso abrir preguntas profundas sobre identidad, familia y el rol de la sociedad frente a estas nuevas expresiones culturales.

¿Juego, moda o llamado de atención?

Para Hum, el primer interrogante es claro: ¿cuántos de quienes participan en estas prácticas lo hacen simplemente como un juego? “Puede que algunos lo vivan como algo divertido, una moda replicada en redes sociales. Pero también debemos preguntarnos si detrás de eso hay una necesidad más profunda de ser vistos”, señaló.

El orientador destacó el papel determinante de internet y las plataformas digitales en la configuración de tendencias culturales: “Muchas de estas expresiones nacen en redes y luego se trasladan a las plazas. Un grupo pequeño logra captar la atención social con acciones que, vistas desde afuera, resultan llamativas o pintorescas”.

Sin embargo, advirtió que el análisis no puede quedarse en la superficie. “Habría que conversar en profundidad con cada persona para entender qué la mueve. ¿Se trata de alguien con propósito y valores que juega con una moda pasajera? ¿O de alguien que necesita desesperadamente llamar la atención, aunque sea desde el anonimato?”, planteó.

El anonimato y la crisis de identidad

Uno de los aspectos que más preocupa a Hum es la búsqueda de visibilidad sin identidad. “Se convierten en el centro de la escena, pero detrás de una máscara. No se trata de representar un personaje definido, como ocurre en el teatro o la ficción, sino de algo impersonal. Eso habla de una posible dificultad en la construcción del ‘yo’”, explicó.

Desde su mirada, el problema no radica en “creerse un animal”, sino en la necesidad de ocultarse para ser aceptado. “Es una forma de decir ‘aquí estoy’, pero sin mostrar quién soy realmente”.

Paternidad ausente y falta de límites

El orientador familiar vinculó el fenómeno con una problemática más amplia: la renuncia al rol parental. “Muchos padres de hoy crecieron con figuras rígidas o emocionalmente ausentes. En un intento por no repetir esa historia, se fueron al extremo opuesto: exceso de permisividad y ausencia de límites”, afirmó.

Hum sostuvo que el afecto sin límites no forma personas fuertes. “Un niño necesita amor, pero también corrección, desafío y confrontación. Sin consecuencias claras, se cría en debilidad emocional”, remarcó.

Además, advirtió sobre el uso indiscriminado de dispositivos electrónicos desde edades muy tempranas. “Hoy es más fácil darle un celular a un niño para que no moleste. Pero criar hijos requiere tiempo, esfuerzo y presencia real”.

Cuando el afecto se busca en otro lado

Durante la entrevista también surgió una reflexión significativa: la posibilidad de que algunos jóvenes encuentren en las mascotas el afecto que no reciben en sus hogares. “Si un chico no se siente escuchado ni contenido, y solo encuentra cariño en su perro, eso dice mucho de lo que está faltando”, expresó Hum.

En ese sentido, recordó el pasaje bíblico de Epístola a los Romanos, donde el apóstol Pablo advierte sobre una mente confundida al apartarse de Dios. Para Hum, más allá de la interpretación teológica, el texto refleja una desorientación cultural que también atraviesa a la sociedad actual.

Un llamado a la Iglesia y a la sociedad

Lejos de promover condena o burla, el orientador destacó que, hasta el momento, estas manifestaciones no se caracterizan por la violencia. “No es un movimiento agresivo ni de odio. Eso es algo para valorar”, aclaró.

Finalmente, hizo un llamado directo a la comunidad cristiana: “La Iglesia está llamada a mostrar no solo el mensaje de salvación, sino también la ternura y la bondad de Cristo. Muchas veces hablamos del amor, pero no siempre lo expresamos con gestos concretos, con mirada compasiva y cercanía”.

Para Hum, el desafío es recuperar el equilibrio: familias presentes, límites claros, afecto genuino y comunidades capaces de ofrecer identidad y pertenencia. “Las modas pasan —concluyó—, pero la necesidad de ser amados y reconocidos permanece. Y allí es donde debemos prestar atención”.

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