16 C
Presidencia Roque Sáenz Peña
jueves, mayo 23, 2024

Trabajar la oportunidad: Franco Mendelsohn, el joven chaqueño que llegó a Google

- Espacio publicitario -spot_imgspot_imgspot_imgspot_img

Mucho se ha dicho sobre la oportunidad, como si se tratara de un personaje de la saga de comics con súper poderes, sobre todo tras la pandemia. También la consideramos un premio, y al mismo tiempo una especie de lotería; sin embargo pocas veces la vemos como fruto de nuestras decisiones, de nuestras búsquedas. 

Franco tiene 22 años, es oriundo de Presidencia Roque Sáenz Peña, Chaco. Está a punto de terminar su carrera en la Universidad de San Andrés, en Capital Federal, y también sus pasantías en Google. 

«Vengo de una familia humilde y trabajadora. Mis bisabuelos vinieron desde Ucrania, eran muy pobres y empezaron desde muy abajo. Mi abuelo, me contaba siempre que comenzó limpiando el piso de una iglesia, y después termino siendo el dueño de esa cuadra, donde estaba la iglesia. Trajo uno de los primeros concesionarios de autos a la provincia. Mi papá, arrancó a trabajar a los 17 años, vendiendo un montón de cosas. Era tipo bazar y después tuvo varios locales en Chaco. Actualmente, quedó con uno solo de ellos», cuenta Franco, como para ir entendiendo dónde están sus raíces.

Desde muy pequeño, no solo por su ambiente familiar, Franco aprendió algo que es clave para sobrevivir y para superarse, y que la inmediatez que hemos visto siempre como una ventaja, trajo como un muro difícil de pasar para las nuevas generaciones: la adaptación a los cambios (buscados o no). 

Atenas, 15 de agosto de 2004. Primer partido de la fase regular de los Juegos Olímpicos. Faltaban 3.8 segundos para terminar el partido entre Argentina y Serbia y Montenegro, la otrora Yugoslavia, que nos había quitado el sueño mundial, apenas dos años atrás. Un foul envía a Tomasevic a la línea. El primero rebota en el aro y sale, el segundo, entra. El reloj marca 2.1 segundos 82-81 abajo apareció ella: la oportunidad. Ese eje misterioso, donde la que sería conocida como la «Generación Dorada», uno de los mejores equipos deportivos de la historia, justo allí en Atenas, entraría al Olimpo.  Montechia ve (o sabe por esa intuición que el equipo entrenó tantos años), que Manu Ginobili corría por la derecha hacia al aro. El pase, y la zurda que suelta la pelota, un cuerpo cayéndose, «la palomita», el silencioso ruido del roce con la red con la gloria eterna, se desata.

Volvemos al 2023, bueno, retrocedemos algunos años atrás. Franco jugaba al básquet, primero en Morava (de los 9 a los 13), y luego en UNCAus. 

-«A los 15 le escribí de una al entrenador de primera que quería jugar, me dijo bueno veni mañana a las 6 de la mañana. Empecé a entrenar hasta en cuatro turnos, a veces. A los 16 años debuté en primera».

Para Franco, el básquet era una simple actividad, cuando la inició. Sin embargo, algo dentro suyo comenzó a gestarse, algo que el deporte brinda como un valor que a veces es castigado como soberbia, y luego es premiado como cualidad: el espíritu competitivo. 

«Cuando empecé era un espacio más, pero veía que mis compañeros tenían más talento, que yo, veía que no jugaba casi. Durante seis meses no jugué. Eso me marcó. Probé con rezar, con pulseras de la suerte, y un día que salimos campeones mientras mis compañeros festejaban yo me fui llorando al vestuario, y ahí me hizo click.  Vino mi entrenador, mis papás, me hablaron», reflexiona, como si volviera a ese momento en el vestuario. «Tenía que trabajar más», fue su conclusión

«Una vez que logré ese objetivo, y empecé a estudiar, a pesar de que jugué a nivel universitario, opté por dejar esa etapa. Aprendí mucho de Manu  Ginobilli y de Kobe Bryant; esa mentalidad me sirvió para después. «Del básquet aprendí un montonazo, de trabajar en equipo, de lo que es el entrenamiento, comer bien, dormir bien, que no es solamente en la cancha, y fue todo un montón. 

El fruto no cae lejos del árbol

Sus padres, están presentes en cada ejemplo o historia que me cuenta. Sobe su mamá, dice «es de una familia de clase baja, y le metió al estudio y ahora también emprende, tuvo tiendas de ropa en Sáenz Peña y con mi papá fueron los dueños de Expo Hogar (una importante casa de electrodomésticos). Franco tomó nota de las habilidades, de los sacrificios, de los esfuerzos, las ganancias y las pérdidas. «Estar en el negocio de mi padre, desde muy chico me hacían ver cosas que a la larga me serían muy útiles: las discusiones, el trato con los empleados, el manejo con los proveedores, con los clientes, era testigo de todo ese movimiento», contó

Franco tiene dos hermanas que psicólogas y un hermano abogado, otro hermano  dos años menor que estudia en la misma universidad, y el más pequeño de 13 años.

-Termino con el básquet, me meto en la facultad, y vuelvo a pasar lo mismo. Siento que los otros chicos son mejores, que no llegaba con las notas, que me costaba más, entonces dije bueno, listo, a empezar de nuevo. Esto significó encontrar sus puntos débiles para mejorarlos, para superarse

-«Escritura y oratoria, matemática, me quedaba con los profesores de apoyo después de clases, estudiaba más horas. Me levantaba más temprano. La carrera me gustaba mucho.  Justo tuve la suerte de entrar en la residencia de la universidad así que me hice muchos amigos del interior, muchos amigos de Buenos Aires también, eso me sirvió, era como que siempre tuve su apoyo eso estuvo muy bueno»

Esto lo llevó a construir una rutina, como con el básquet para lograr su objetivo. Si bien, en un principio la intención de Franco era probar suerte en Estados Unidos, los factores económicos no lo permitieron. No se rindió, ni cambio el objetivo. Como decimos por ahí, hay que cambiar la forma de llegar.

La carrera que estudia Franco es Licenciatura en negocios digitales. Le gustaba la tecnología y la administración, y encontró en esta profesión todo en una «Mi idea, antes era ir a estudiar a Estados Unidos, pero estaba muy costoso, justo en ese entonces se disparó mucho el dólar. Mi sueño sigue siendo ese, o sea, mi sueño siempre fue vivir afuera, y cada cosa que la voy haciendo siento que es un paso para llegar a eso», advierte Franco.

La oportunidad

Según la RAE (por supuesto que no iba a dejarla afuera), la oportunidad es momento o circunstancia oportunos o convenientes para algo. La pandemia llegó en 2020, y esa circunstancia que se presentó como incertidumbre, puso a prueba a la humanidad  en muchos sentidos, donde cada decisión, incluso podía ser una delgada línea entre la vida y la muerte.

Las clases se transformaron en virtuales, y esto afectó seriamente a la educación. Solo en 2021, un informe que  elaboró Fundación Voz, indica que las estadísticas de los consultados manejaban cifras preocupantes que variaron  entre un 25% y 45%, de alumnos que abandonaron la educación formal, dependiendo de «los contextos sociales, geográficos, tecnológicos, entre otros».

La oportunidad termina siendo un eje conformado por la toma de decisiones, en momentos determinados que pueden cambiar, o no. Para Franco, volver supuso un nuevo reto, como para todos: la disciplina que había logrado, la adaptación al cambio, serían puestas a prueba.

Habla de fracaso y de errores, durante cada proceso que vivió. Me llama la atención que un joven pueda reconocer estas palabras, sin verlas como una barrera o un final. 

«Lo tengo más que claro; para mí la palabra fracaso no es nada malo, sino que lo veo, y es como esa metáfora de que la mariposa no hay que sacarla del capullo, porque si vos la ayudas a salir, la matás, entonces tenés que dejarla. Hay veces que digo, si lo ayudo a mi hermano, y bueno, capaz si lo ayudo, se acostumbra a que lo ayude, después él solo no puede», reconoce

Pero también acomoda las piezas en una partida de ajederez. «El triunfo: lo contrario del triunfo, para mí es no hacer nada, porque siento que el fracaso es parte del triunfo, vos para llegar a eso tenés que fracasar. Las personas que pierden son las que más aprenden, porque de ganar no aprendes tanto como de perder. Yo siento que eso, lo tengo muy claro y eso me sirvió a mí muchísimo para todo lo que hago, pero también hay que tener en cuenta de tener un objetivo, tener un sueño», diferenció. 

Franco, como todos, debió volver a casa. Los primeros días era difícil, entonces apareció la disciplina. Limpiaron una pieza que había en su casa, la acondicionaron con internet y escritorios, y junto a sus hermanos y novia, estudiaron allí para sostener esa implacable rutina de pantalla. «Cuando volví a la universidad muchos no volvieron», contó.  Y eso lo hizo considerar su «suerte». 

El buscador

«Cierta vez un profesor me dijo que mientras más trabajo más suerte tengo  y la verdad que eso es algo que a mí me marcó bastante, básicamente, es como que la suerte no existe. Hay alguna gente que lo está esperando y hay otros -como yo- que van y no buscan o sea  que hay que materializar las cosas en la mente soñar», asegura.

Se enteró de las pasantías que ofrecía una de las empresas de tecnología más importante del mundo, pero aún no se sentía listo: tenía que terminar la carrera. Todavía quedaba un año. Sin embargo, aplicó. No ingresó de inmediato. Pero, continúo refinando su curriculum y estudiando. El momento llegó: lo llamaron para las entrevistas.  

Cuando suceden estas cosas, en cualquier aspecto que alguien se ponga un objetivo se habla del factor «suerte». En este sentido, Franco lo tiene claro «para mí hay que ir a buscar esas oportunidades, hay que ir a buscarlas y estar ahí es cuestión de prepararse día a día si uno quiere hacer tal cosa es estar en el trayecto digamos no tanto en el objetivo, y eso es para mí la suerte».

Franco, tomó esta oportunidad como un trabajo de ocho horas. A la par de la facultad, la cual está a pasos de concluir también «Me estaba capacitando, y después dije listo quiero tomar más responsabilidades quiero hablar con clientes grandes, quiero hacer eventos, quiero hacer un montón de cosas», expresa

«Por ahí sí estaba cansado o tenía sueño qué sé yo, pero cuando vos tenés motivaciones y tenés objetivos como un impulso que te hace levantarte cada mañana y decir por qué hago lo que hago, eso me hizo a mí a tomar ese viaje todos los días», reafirma. 

Ese viaje literal y metafórico, que emprendió fue una estación más. Mirando hacia adelante, Franco reflexiona: «siento que hay que tener ese bichito de la curiosidad de buscar cómo hacer las cosas de tratar de hacer siempre lo mejor y la verdad que en tecnología cada vez habrá más». 

Pero, insiste en que lo importante es tener un plan. Su plan es terminar la universidad, y poner a prueba ese potencial, ese entrenamiento. «Mi sueño a largo plazo es emprender. Quiero el día de mañana aportar algo a la sociedad,  una aplicación, una solución, ayudar a la gente y me gustaría muchísimo eso», planea, sueña. Tampoco descartó crecer dentro de una empresa, que le permita emprender. «O sea, mi sueño es seguir creciendo», remarca.

Vamos a detenernos un momento. Les cuento un pequeño detalle, que define a Franco en cada etapa que lo vimos. No llegue yo a él, sino él a mí. El cómo fue un largo camino. Nada nos conectaba, más que la tecnología: las famosas redes sociales. Pero, como a menudo pasa, con algunas de ellas –o casi todas- uno no es consciente de los contactos que tiene. 

Sin embargo: ocurrió algo curioso, por una especie de caminos paralelos que ambos recorrimos: vivir en Sáenz Peña, salir de casa a buscar ese camino único, fraguarnos con familias emprendedoras, sí el básquet.

-La forma en que vos llegaste a mí es un poco la forma que te define: el decir «quiero transmitir, quiero encontrar la forma», y la fuiste buscando hasta lograr amplificar un poco tu historia 

«Sobre todo para la gente que somos del interior, que sabemos que apenas llegamos. Mi objetivo es  motivar y mostrar que sí se puede que vengo del mismo lugar, el mismo origen, ly que con sacrificio, trabajo y sueño se puede todo», concluye.

Apago el zoom, y me queda esa sensación de haberme visto reflejada en él, de una Milenial a un joven soñador 5.0, ese que va reconociendo sus habilidades, de una forma más temprana, potenciándolas, y terminando de dibujar otra cualidad, que se repite: en su familia, hermanos, amigos, el equipo de básquet, la universidad, incluso el trabajo, aunque uno se trabaje asimismo, siempre es necesario el equipo. 

Mi querido lector, esta historia, no se trata como decía uno de los ídolos de Franco, Kobe Bryant «de escalar el Everest de un salto», sino del viaje, el trayecto, que –queramos o no- siempre es el que nos transforma. Se trata más mover los ejes de la vida, y no solo el del algoritmo, para que se transformen en una oportunidad. 

Fuente Diario Norte

- Espacio publicitario -spot_imgspot_imgspot_imgspot_img
- Espacio publicitario -spot_imgspot_imgspot_imgspot_img

Últimas Noticias

Noticias relacionadas