La inversión se convirtió en uno de los principales desafíos de la economía argentina. Según los últimos datos, se ubicó en el 15,1% del PBI, varios puntos por debajo de los niveles registrados en Perú, México y Chile.
El indicador elaborado sobre la base de las Cuentas Nacionales muestra que la inversión viene atravesando un período de debilidad. En 2025 representó el 16,4% del PBI, mientras que el máximo de las últimas dos décadas se había registrado en 2007, con el 19,5%. El mínimo fue en 2019, cuando alcanzó el 14,2%.
Durante julio de este año, además, la inversión medida en volumen físico registró una caída interanual del 8,1%, mientras que acumula una baja del 7,8% en lo que va del año, según datos de Ferreres & Asociados.
Los economistas consultados señalan distintos factores detrás de la evolución de la inversión, entre ellos el nivel de actividad, las expectativas, el financiamiento, la tasa de interés, la rentabilidad y la incertidumbre. También se destaca el impacto de la construcción y de la inversión en bienes de capital.
El Gobierno apuesta, entre otras herramientas, al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). Los proyectos comprometidos bajo este régimen alcanzan actualmente unos US$150.000 millones, aunque su ejecución se distribuirá durante los próximos años.
La recuperación de la inversión aparece así como uno de los desafíos centrales para sostener el crecimiento económico y lograr que la mejora de la actividad se traduzca en mayores ingresos y salarios.



