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Sociedad

De Manchester a Pakistán: la misión que libera familias de la esclavitud moderna

220489049 cerca de las manos de un esclavo afroamericano con cadenas

Desde una iglesia en Manchester hasta las haciendas de ladrillos en Pakistán, la historia del misionero brasileño Luis Misaglia expone una realidad tan cruda como desconocida: miles de cristianos viven en condiciones de esclavitud en pleno siglo XXI. Su testimonio, compartido recientemente ante pastores y comunidades del Chaco y otras provincias argentinas, conmovió profundamente y despertó un fuerte llamado a la acción.

Misaglia, quien lleva más de diez años desarrollando tareas misioneras en Inglaterra, lidera congregaciones en Manchester y Liverpool, además de organizar conferencias anuales en Gales. Sin embargo, su trabajo dio un giro inesperado hace aproximadamente tres años, cuando una joven pakistaní, refugiada por persecución religiosa, llegó a su iglesia.

Ese encuentro fue el punto de partida de una conexión que cambiaría todo. A través de ella, Misaglia conoció al pastor Tahir, en Pakistán. Lo que comenzó como una predicación online pronto se transformó en un discipulado semanal y, con el tiempo, en una misión activa en uno de los contextos más hostiles para el cristianismo.

Una fe bajo persecución

Pakistán, oficialmente una república islámica, cuenta con una abrumadora mayoría musulmana. Allí, convertirse al cristianismo implica perder derechos básicos: acceso a salud, educación y protección social. La persecución es constante y, en muchos casos, violenta.

“Los hermanos viven su fe con una pureza impresionante. Van al culto como si fuera la última vez que pudieran adorar”, relató Misaglia. Las reuniones pueden durar entre tres y cinco horas, con familias enteras sentadas en el suelo, sin comodidades, pero con una atención absoluta.

Esclavitud moderna: una realidad invisibilizada

Uno de los aspectos más impactantes de la misión es el trabajo en las haciendas de ladrillos, donde miles de familias cristianas viven en condiciones de esclavitud por deudas heredadas. Aunque esta práctica es ilegal, en la práctica continúa vigente, muchas veces con la complicidad de autoridades locales.

“Los niños empiezan a trabajar desde los dos años. No pueden estudiar ni salir. Las niñas sufren abusos. Es una realidad devastadora”, explicó el misionero.

Frente a esto, la misión lleva adelante una tarea concreta: liberar familias. El proceso implica negociar con los dueños de las haciendas, pagar la deuda (entre 2.000 y 3.000 dólares por familia), y brindar acompañamiento durante los primeros meses de libertad.

“Es una oportunidad para empezar de nuevo. Les alquilamos una casa, cubrimos sus necesidades básicas y los acompañamos espiritualmente”, detalló.

Pagar para predicar

Incluso para llevar el mensaje del Evangelio dentro de las haciendas, el equipo debe pagar. “Cubrir la alimentación de todos los trabajadores por un día es el precio que exigen para permitirnos predicar”, explicó Misaglia. Cada hacienda puede albergar entre 500 y 1.000 personas.

Agua que transforma vidas

Otro de los ejes del trabajo es la construcción de pozos de agua en comunidades sin acceso a agua potable. En una de estas intervenciones, una tribu musulmana que nunca había escuchado sobre Jesús recibió asistencia. El impacto fue inmediato.

“Más de 2.000 personas conocieron el Evangelio a partir de ese gesto. No por interés, sino porque entendieron el amor de Dios a través de una necesidad cubierta”, contó.

Una misión que recién comienza a mostrarse

Por razones de seguridad, gran parte de este trabajo se ha mantenido en silencio. Sin embargo, recientemente comenzaron a dar los primeros pasos para crear una plataforma que permita visibilizar la misión y canalizar ayuda desde distintas partes del mundo.

“Estamos empezando ahora, con la guía de Dios, a abrir esto para que más personas puedan involucrarse”, señaló.

Un llamado que atraviesa fronteras

El testimonio de Misaglia no solo expone una realidad lejana, sino que también interpela a las comunidades occidentales. La comparación es inevitable: mientras en algunos contextos la fe se debilita por incomodidades menores, en otros se sostiene con riesgo de vida.

“Te hace replantear todo. Qué significa realmente seguir a Cristo”, reflexionaron quienes participaron de la entrevista.

Con iniciativas concretas —como donaciones mensuales accesibles—, la posibilidad de cambiar una vida se vuelve tangible. “Con el equivalente a unas pocas bebidas al mes, se puede liberar una familia”, remarcaron.

La misión en Pakistán continúa creciendo, impulsada por la fe, el compromiso y una convicción profunda: que aún en los lugares más oscuros, la esperanza puede abrirse paso.

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