Cada 24 de septiembre se conmemora el Día Mundial del Cáncer de Tiroides, una fecha destinada a generar conciencia sobre una enfermedad que puede desarrollarse de manera silenciosa y que, en muchos casos, es detectada a partir de un nódulo o bulto en el cuello.
La tiroides es una glándula con forma de mariposa ubicada en la parte anterior del cuello y cumple funciones esenciales para el organismo, ya que produce hormonas que intervienen, entre otros procesos, en el uso de la energía y en la regulación de la temperatura corporal. Existen diferentes tipos de cáncer de tiroides, aunque los más frecuentes son los llamados cánceres diferenciados, entre ellos el carcinoma papilar y el folicular. El papilar representa aproximadamente entre el 70% y el 80% de los cánceres tiroideos.
Un nódulo no significa necesariamente cáncer
Uno de los principales mensajes que buscan transmitir los especialistas es que tener un nódulo tiroideo no equivale a tener cáncer. Los nódulos son frecuentes y la gran mayoría son benignos. De acuerdo con la American Thyroid Association, menos de uno de cada diez nódulos tiroideos termina siendo diagnosticado como cáncer.
Sin embargo, esto no significa que deban ignorarse. Cuando se detecta una alteración, el médico puede evaluar sus características y determinar si es necesario realizar estudios complementarios.
La evaluación suele comenzar con un examen físico y una ecografía de tiroides, que permite observar el tamaño, la composición y otras características del nódulo. Si aparecen elementos que generan sospecha, puede indicarse una punción aspiración con aguja fina, procedimiento que permite obtener células de la lesión para analizarlas.
En determinados casos, cuando los resultados no son concluyentes, también pueden utilizarse estudios adicionales, incluidos análisis moleculares, para conocer mejor las características del tumor y estimar su riesgo.
¿Qué síntomas pueden funcionar como señales de alerta?
El cáncer de tiroides puede no producir síntomas durante sus primeras etapas. Por eso, algunos casos son descubiertos de manera incidental durante estudios realizados por otros motivos.
Cuando aparecen manifestaciones, una de las señales más frecuentes es la aparición de un bulto o nódulo en la parte delantera del cuello. También pueden presentarse:
- Hinchazón en la zona del cuello.
- Dolor en la parte anterior del cuello o la garganta.
- Ronquera o cambios persistentes en la voz.
- Dificultad para tragar.
- Dificultad para respirar.
- Tos persistente que no está relacionada con un resfrío.
- Aumento de tamaño de algunos ganglios del cuello.
La presencia de alguno de estos síntomas no significa automáticamente que exista un cáncer, pero si persisten deben ser evaluados por un profesional para determinar su causa.
El cáncer de tiroides puede presentarse a cualquier edad
Aunque la enfermedad puede afectar a personas de distintas edades, se presenta con mayor frecuencia en mujeres. Los principales factores asociados con un mayor riesgo incluyen determinados antecedentes familiares y genéticos y la exposición a niveles importantes de radiación en la cabeza o el cuello, particularmente durante la infancia.
En Argentina, las estimaciones correspondientes a 2024 registraron 3.964 casos nuevos y 339 muertes por cáncer de tiroides, según datos citados por especialistas en el marco de esta jornada de concientización.
No todos los pacientes necesitan una cirugía inmediata
El tratamiento depende de diferentes factores, entre ellos el tipo de cáncer, el tamaño del tumor, la edad de la persona y si la enfermedad permanece localizada o se extendió a otras estructuras.
Cuando es necesario operar, puede realizarse una lobectomía, que consiste en retirar el lóbulo afectado, o una tiroidectomía total, mediante la cual se extrae toda la glándula. En determinados pacientes también puede utilizarse yodo radiactivo como parte del tratamiento.
En algunos casos de cáncer papilar pequeño y de bajo riesgo, localizado dentro de la tiroides, los especialistas pueden considerar una estrategia de vigilancia activa, que consiste en realizar controles periódicos mediante consultas y estudios de imagen en lugar de realizar una cirugía inmediatamente. Si durante el seguimiento se observa crecimiento o algún cambio relevante, se puede reevaluar el tratamiento.
La importancia del seguimiento
El control médico no termina necesariamente después del tratamiento. Incluso cuando la evolución es favorable, algunos pacientes requieren controles durante varios años para detectar posibles recurrencias.
El seguimiento puede incluir examen físico del cuello, ecografías y análisis de sangre, dependiendo del tipo de tumor y del tratamiento realizado. El riesgo de recurrencia y la evolución de la enfermedad varían según las características particulares de cada caso.
Los especialistas remarcan que los cánceres papilar y folicular suelen presentar una evolución favorable, especialmente cuando son detectados en etapas tempranas, aunque el pronóstico siempre debe analizarse de manera individual.
En este Día Mundial del Cáncer de Tiroides, el principal llamado es a no ignorar los cambios persistentes en el cuello. La aparición de un bulto, una ronquera que no desaparece o dificultades para tragar o respirar justifican una consulta médica para determinar su origen y, si corresponde, realizar los estudios necesarios.



