La inteligencia artificial comenzó a ocupar un lugar cada vez más importante en la atención de los accidentes cerebrovasculares (ACV), con herramientas capaces de analizar imágenes, identificar a los pacientes que necesitan determinados tratamientos y, en el futuro, incluso colaborar con dispositivos robóticos durante las intervenciones.
El avance fue uno de los principales temas abordados durante la 35° Semana del Intervencionismo Mínimamente Invasivo (SIMI 2026), que reúne en Buenos Aires a especialistas argentinos e internacionales. Según explicó Pedro Lylyk, presidente del comité organizador, la inteligencia artificial ya dejó de ser una tecnología exclusivamente experimental en el área: actualmente existen softwares que ayudan a determinar qué pacientes deben ser tratados y de qué manera.
Una de las principales ventajas que ofrece esta tecnología es la posibilidad de acelerar el diagnóstico. En el caso del ACV, cada minuto resulta determinante, ya que la interrupción del flujo sanguíneo puede provocar la pérdida de una gran cantidad de neuronas y aumentar las posibilidades de secuelas.
Desde una aplicación hasta equipos de diagnóstico
Entre los desarrollos que se encuentran en investigación hay una aplicación capaz de analizar una fotografía del rostro y una grabación de voz para identificar posibles señales de un ACV. También se estudian dispositivos similares a relojes inteligentes que podrían detectar determinados parámetros asociados a un mayor riesgo en pacientes vulnerables.
Otra de las tecnologías presentadas combina imágenes obtenidas mediante resonancia con información clínica y biomarcadores para intentar determinar en pocos minutos qué tipo de lesión cerebral presenta una persona.
La intención es que algunas de estas herramientas permitan comenzar a identificar el problema antes de que el paciente llegue al hospital, reduciendo el tiempo entre la aparición de los síntomas, el diagnóstico y el tratamiento.
La IA también ayuda a decidir quién necesita una intervención
En los hospitales especializados ya se utilizan sistemas de inteligencia artificial que analizan imágenes de tomografías para colaborar con los profesionales en la selección de los pacientes que pueden beneficiarse de un tratamiento.
Esto resulta especialmente importante en los ACV isquémicos, que se producen cuando un coágulo obstruye una arteria cerebral. Una de las intervenciones consiste en llegar hasta el coágulo mediante un procedimiento endovascular y retirarlo para recuperar el flujo sanguíneo.
Según explicó Lylyk a LA NACION, el próximo paso será integrar estas herramientas con la robótica, de manera que los equipos puedan reconocer determinados riesgos durante el procedimiento y asistir al especialista. Para desarrollar sistemas cada vez más precisos, los centros especializados incorporan grandes cantidades de imágenes y datos de pacientes a sus bases de información.
Los especialistas, sin embargo, remarcan que la inteligencia artificial no reemplaza al profesional. Jens Fiehler, director del Departamento de Neurorradiología Diagnóstica e Intervencionista del Centro Médico Universitario Hamburgo-Eppendorf, señaló que la tecnología debe incorporarse con controles y que la inteligencia humana y la artificial tienen capacidades diferentes.
El desafío que todavía queda: la rehabilitación
Más allá de los avances en la detección y el tratamiento inmediato, los especialistas también pusieron el foco en una etapa fundamental: la rehabilitación de los pacientes que sobreviven a un ACV.
Según los profesionales citados en el encuentro, una parte importante de los pacientes puede quedar con dificultades en la movilidad, el lenguaje, la deglución, el equilibrio o las actividades cotidianas. Por eso, sostienen que la rehabilitación debería comenzar de manera temprana cuando las condiciones clínicas lo permiten.
En Argentina se producen alrededor de 50.000 ACV por año, de acuerdo con datos difundidos por el Ministerio de Salud. La mayoría corresponde a ACV isquémicos, aunque también existen los hemorrágicos, provocados por la ruptura de una arteria cerebral.
El desarrollo de herramientas basadas en inteligencia artificial abre así una nueva etapa en el abordaje del ACV: desde la posibilidad de detectar señales de alarma fuera del hospital hasta el análisis de imágenes y la asistencia durante procedimientos complejos. El objetivo central es reducir los tiempos y mejorar las posibilidades de recuperación de los pacientes.



