El primer Censo Nacional de Población, realizado entre el 15 y el 17 de septiembre de 1869, durante la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento, dejó al descubierto una de las principales dificultades de la Argentina de aquel momento: el enorme nivel de analfabetismo.
El relevamiento contabilizó 1.877.490 habitantes y fue el primer censo que buscó abarcar a toda la población del país.
Según los datos históricos, el 77,4% de la población de 10 años o más era analfabeta. Es decir, prácticamente 8 de cada 10 argentinos no sabían leer ni escribir. Entre las mujeres, la situación era todavía más crítica: el analfabetismo alcanzaba al 81,8%, frente al 74,9% registrado entre los varones.
El dato adquiere una dimensión particular porque el censo se realizó durante el gobierno de Sarmiento, una figura cuya trayectoria política estuvo profundamente vinculada con la educación. Para el entonces presidente, la expansión de la enseñanza pública era una herramienta fundamental para transformar una sociedad con enormes niveles de desigualdad y escaso acceso al conocimiento.
De una Argentina con 77% de analfabetismo a menos del 2%
Los números muestran el enorme cambio producido durante el siglo siguiente. En 1895, el analfabetismo ya había descendido al 53,3%; en 1914 era del 35,9%; en 1947 bajó al 13,6% y continuó reduciéndose hasta alcanzar el 1,92% en 2010.
El último dato oficial disponible de la serie censal sobre analfabetismo, correspondiente al Censo 2010, ubicó la tasa en torno al 1,9% de la población.
Sin embargo, la fuerte reducción del analfabetismo no significa que la Argentina haya resuelto sus problemas educativos.
El desafío actual ya no es solamente saber leer y escribir
Más de 150 años después del censo realizado durante el gobierno de Sarmiento, el problema educativo argentino es diferente. La mayoría de la población está alfabetizada, pero persisten dificultades relacionadas con la comprensión lectora, las matemáticas y la adquisición efectiva de aprendizajes.
Los resultados de PISA 2025, difundidos recientemente, mostraron que Argentina obtuvo 389 puntos en lectura, por debajo de los 401 registrados en 2022. En matemática alcanzó 367 puntos, su peor resultado desde que participa de la evaluación, y solamente el 24% de los estudiantes llegó al nivel 2, considerado el umbral básico de desempeño.
La comparación histórica permite dimensionar la transformación: en 1869, el desafío era incorporar a millones de personas a la alfabetización; hoy, con una tasa de analfabetismo cercana al 2%, el desafío es garantizar que quienes pasan por la escuela realmente comprendan lo que leen, puedan resolver problemas y adquieran herramientas para desenvolverse en una sociedad cada vez más compleja.
La Argentina pasó de discutir cómo enseñar a leer y escribir a una parte enorme de su población a preguntarse qué significa estar verdaderamente alfabetizado en el siglo XXI.
Y, en ese sentido, el dato del censo de 1869 vuelve a poner en escena a Sarmiento: aquel país en el que casi ocho de cada diez personas no sabían leer ni escribir entendió que la educación debía ser una política central. Más de un siglo y medio después, la pregunta sigue vigente: ¿qué lugar ocupa hoy la educación como herramienta para transformar el futuro del país?



