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Salud

La importancia del grupo y un mensaje contra el bullying, las otras lecciones de la Selección

el festejo de la seleccion argentina despues del triunfo ante suiza ap fotojeff roberson ASZVZOPWGJAU5FIQCLEMR4ZWRI

En 2022, cuando salimos campeones en el Mundial de Qatar, me animé a escribir un artículo sobre el triunfo de Argentina. Pero esta vez, fue distinto… hoy me dije a mí misma: “Es solo un partido de fútbol, el resultado no define nuestro valor, mientras nos futbolizamos por completo, dejamos de mirar otras cosas importantes que también están ocurriendo en nuestro país”.

No me malinterpreten: no es falta de argentinidad. Es, quizás, un exceso de ella.

Pero hoy les pido indulgencia. Me crio una abuela de San Lorenzo que me enseñó a querer una camiseta aunque poco supiera del tema. No teníamos cable; apenas un televisor viejo que arrancaba a golpes y puñetazos, pero alcanzaba para ver la Selección. Así que hoy no me pidan coherencia. Estamos en semifinales. Le ganamos a Inglaterra. Le ganamos. Y, aunque hayan pasado décadas, hay victorias que inevitablemente nos devuelven a otras batallas.

Y fue increíble: empezamos un gol abajo y lo dimos vuelta. Y digo “lo dimos vuelta” como si hubiera estado ahí, dentro de la cancha, apropiándome de un logro que, en realidad, es de ellos. Pero así vivimos el fútbol los argentinos: el triunfo siempre es en primera persona del plural.

Y terminé abrazada al portarretrato de la abuela, dando vuelta una copa vacía para ver si esos rituales hacían que llegara el primer gol… y sí, también grité: “El que no salta es un inglés” … y “por Malvinas, por el Diego, por la última de Leo”…

Qué hermoso es sentirse parte del sufrimiento y de la alegría de toda una nación al mismo tiempo. Estoy sintiendo algo que no sé cómo se llama. Solo sé que necesito escribirlo, compartirlo, dejarlo por escrito antes de que se diluya.

Los hinchas argentinos viven el partido de una manera diferente. (AP Foto/Natacha Pisarenko)
Los hinchas argentinos viven el partido de una manera diferente. (AP Foto/Natacha Pisarenko)

Estamos en la final. Buenos Aires es una fiesta, que privilegio inmenso es ser contemporánea de este momento, viviendo esta felicidad colectiva que hizo que el país entero latiera todo junto. Con el tiempo y los años que me habitan, estoy comprendiendo que esto no se trata sólo de fútbol, era sobre los vínculos. Porque cuando el árbitro marcó el final, nadie salió corriendo a celebrar solo. Todos buscamos a alguien. Un hijo, una madre, un amigo, una pareja, un vecino o el grupo de WhatsApp de la oficina. Necesitábamos compartir la alegría porque las emociones más profundas solo adquieren sentido cuando encuentran a otro.

La Selección que conmueve y no solo a los argentinos

Quizás por eso esta Selección nos conmovió tanto. No solo por los goles, ni siquiera por Lionel Messi. Nos emocionó porque, en un mundo que nos empuja a competir permanentemente, apareció un grupo de personas que eligió confiar unas en otras. Y detrás de ese equipo, hubo un hombre que entendió algo que va mucho más allá del fútbol. Scaloni nos enseñó que nadie gana sólo.

Vivimos en una sociedad que convirtió el éxito en una competencia permanente. Nos hicieron creer que el mérito individual explica todas las victorias. Que el mejor siempre llega primero. Que cada uno debe arreglarse por su cuenta. Pero Lionel Scaloni rompió esa lógica. Nunca habló del héroe. Siempre habló del grupo. Nunca construyó un equipo alrededor de un ego. Construyó un grupo alrededor de la confianza. Por eso esta historia no solamente es de Messi.

Y, mientras veía esa forma de construir equipo, no podía dejar de pensar en las familias con las que trabajo desde hace tantos años y en la contracara de estos valores: el bullying.

El bullying tiene una de las características más crueles que existen: hace que una persona sienta que está sola, y cuando alguien cree que está solo, el dolor pesa mucho más. Por eso aprendí que nadie sale de ese sufrimiento únicamente con fuerza de voluntad. Hace falta un compañero que se siente al lado. Un docente que intervenga. Una familia que escuche. Una escuela que decida no mirar hacia otro lado, hace falta un equipo.

Porque los campeones no son solamente los que levantan una copa. También son esos compañeros que aparecen cuando todo parece perdido, que te hacen el aguante en el recreo para que no te sientas solo. Los que te recuerdan quién sos cuando vos mismo empezaste a olvidarlo.

Hoy, pregunto: Cuando el partido de tu vida se puso cuesta arriba… ¿Quién siguió jugando a lado tuyo?

Fuente: TN Bienestar

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