Sociedad

El fuego se detuvo a centímetros: el testimonio de fe de Diego Hernández que conmovió al país

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En medio de uno de los incendios más devastadores que volvió a golpear a la Patagonia, una imagen recorrió el país y conmovió a miles: un hombre de pie frente a llamas de más de diez metros, orando, declarando protección y poniendo su confianza en Dios. Su nombre es Diego Hernández, tiene 35 años y es propietario de un complejo turístico en Puerto Patriada, El Hoyo, Chubut.

El testimonio fue compartido en su red social “Tik Tok”, rápidamente trascendió el ámbito local y llegó a medios nacionales como C5N, Telefe, La Nación Más y otros canales de alcance nacional. Lejos de la ironía o el escepticismo, los periodistas abordaron su historia con respeto y dejaron espacio a un relato que muchos definen como inexplicable desde la lógica humana.

“En ese momento no era consciente del peligro”

Diego relató que, en medio del incendio, no dimensionaba plenamente el riesgo que estaba corriendo. “Estaba sin remera, me la había puesto en la boca y la nariz para no inhalar humo. Estaba en juego mi vida”, confesó. Mientras las llamas avanzaban sobre toda la zona de Puerto Patriada, su prioridad era clara: proteger la casa de sus padres, ubicada muy cerca del foco del incendio.

Su complejo turístico contaba con seguros contra incendios, pero la vivienda familiar no. “Prefería que los recursos estuvieran en la casa de mis padres”, explicó. Fue entonces cuando decidió acercarse a su propiedad y hacer lo único que sentía que podía hacer: orar con fe y esperar.

“Aprendí dos cosas: pedir con fe y saber esperar. Muchas veces uno ora y no recibe respuesta inmediata, pero Dios espera el momento justo para mostrarnos su amor y su poder”, expresó.

Un antecedente que fortaleció su confianza

No era la primera vez que Diego experimentaba una situación similar. En 2023, un derrumbe descendía directamente desde la montaña hacia su complejo, hasta que una enorme piedra se desprendió y desvió el alud, evitando daños mayores. “Fue impresionante. Ya había visto la mano de Dios antes”, recordó.

Por eso, cuando decidió grabar el video que luego se viralizó, no fue para exhibirse, sino para conservar un registro personal. “Era para guardarlo, para saber que Dios lo había hecho”, afirmó.

El fuego se detuvo a centímetros

Uno de los datos que más impactó incluso a los periodistas que visitaron el lugar es el detalle final: el último tronco quemado quedó a apenas 40 centímetros de las cabañas. El fuego llegó hasta las esquinas, rodeó el complejo, pero no ingresó.

“No hay explicación lógica”, coincidieron comunicadores y vecinos. Las llamas superaban los 30 metros de altura y, sin embargo, se detuvieron exactamente donde Diego había orado.

Un testimonio que despertó fe

Las repercusiones fueron inmediatas. Diego recibió miles de mensajes, muchos de ellos de personas que afirmaron haber recuperado la fe o haber vuelto a hablar de Dios después de años. Incluso familiares y conocidos que no profesaban ninguna creencia comenzaron a mencionar a Jesús tras ver el video.

“Hay gente que se volvió a acercar a Dios. Eso es lo más fuerte de todo”, dijo con emoción. Para él, el propósito de lo ocurrido va mucho más allá de la preservación de un bien material. “Creo que Dios quiso usar esto para algo mucho más grande”.

Un hombre común, una fe extraordinaria

Durante la entrevista, Diego mencionó que no ocupa actualmente ningún cargo institucional en una iglesia, ni es una figura pública religiosa. Su historia personal incluye procesos difíciles, decisiones dolorosas y tiempos de espera. “Soy una persona común, con problemas como cualquiera”, reconoció.

Justamente allí radica la fuerza de su testimonio: no fue un líder famoso, ni un predicador reconocido, sino un hombre común confiando plenamente en Dios. Una fe comparable —según señaló Darío Giménez— a la de David frente a Goliat.

Patagonia, fe y esperanza

Además del impacto espiritual, Diego aprovechó la visibilidad para visibilizar una problemática recurrente: los incendios en la Patagonia. “Todos los años sufrimos lo mismo. Esto también tiene que servir para que se mire lo que está pasando acá”, remarcó.

Mientras las cámaras se apagan y los flashes se alejan, Diego Hernández vuelve a su vida cotidiana con una certeza intacta: “Cuando un hijo de Dios ora, Dios mueve su mano”.

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